La segunda parte del viaje que hicimos durante el puente de Diciembre tuvo como destino Cantabria. Partiendo de Peñarrubias del Pirón, donde nos  alojamos en las cabañas Quercus, partimos dirección Lerones donde se encuentra la casa rural “El Patio”.  Siguiendo las indicaciones de un amigo (gracias Victor ;) ) fuimos dejando atrás la meseta castellana para adentrarnos en la montañas palentinas y dar la bienvenida a Cantabria.

Si cuando llegamos a Peñarrubias del Pirón pensamos que  estábamos lejos de toda civilización en Lerones esta sensación no desapareció. Nos encontrábamos en un pueblo metido en la montaña, con calles estrechas y mucha tranquilidad. La casa rural donde nos alojábamos tenía de todo ¡hasta leña para encender el hogar!  Como ya veniamos descansados de Segovia los días por Cantabria fueron muy intensos. ¿Qué hicimos?

Visitar Cabárceno.

Está permitida la entrada con perros pero deben ir atados en todo momento. Es de sentido común que si el perro puede molestar a los animales o tenerles miedo tendríamos que dejarlo dentro del coche. La zona en la que se corre mas riesgo de que esto ocurra es la del reciento de las avestruces y jirafas. Las avestruces ya se lo han aprendido y cuando ven a los visitantes,  se acercan a la valla. A mas de uno “se le caen” trozos de bocadillo, patatas fritas… y si no es por la comida es por los objetos que brillan.

El mapa que te dan a la entrada sirve mas bien de poco. El mapa es un esquema muy resumido de la ruta a seguir, por lo que no estan detallados todos los caminos que te encuentras. Avisan de que hay señales para el recorrido óptimo pero estas son escasas o bien, si están sobre la calzada, se han desteñido. En resumen, se tienen que dar mil vueltas si quieres verlo todo. Esto nos defraudó un poco, puesto que esperábamos una mejor señalización de las cosas. Por ejemplo, los hipopótamos los vimos de casualidad al fijarnos desde lo lejos que en esa zona había gente viendo “algo”.

El entorno del parque es privilegiado y aunque solo sea por eso ya merece la pena “perderte” por él.

Después de esta visita había que comer, como no llevábamos bocata porque parecía que el tiempo no acompañaba buscamos un restaurante. Al pasar por Castañeda vimos uno a la orilla de la carretera donde si dejábamos a los perros en el coche con las ventanillas un poco bajadas podríamos vigilarlo sin problema. Como dicen que el que no llora no mama, a la entrada preguntamos a un camarero si podiamos entrar a los perros a una especie de terraza cerrada que tenían. La contestación fue algo peculiar – “Si entra el jefe, puede entrar cualquiera”. Dicho y hecho metimos a los perros en la terraza donde estuvieron debajo de la mesa sin armar jaleo. Les pusimos agua fresca y todos felices. Tomamos un menu de primera y un trato excelente. Aquí os dejo el restaurante que fue La Venta de Castañeda.

A la salida del restaurante nos dimos cuenta que por la parte trasera pasaba un camino con zona para bici y zona para pasear (el cual debe unir varios pueblos) por el que pudimos estar jugando con los perros.

Y para culminar el día, nos perdimos por un camino de tierra en busca de una playa a la que no llegamos.

Fuente Dé

En Fuente Dé hay un teleférico que te sube al corazón de los Picos de Europa, por desgracia no pudimos disfrutar de esto porque los perros no pueden subir en él. Así que nos encontramos con las puertas cerradas y una inmensa pradera donde pasar el resto de la mañana.

Preguntamos en la oficina de turismo (situada en el parking) opciones en los alrededores, pero todas las posibilidades que nos dio eran impensables para la hora del día que era y el tiempo de luz solar que nos quedaba, además de que estaba todo bastante mojado pues había llovido esa misma noche.  Intentamos adentrarnos por un camino que nos comentaron que era sencillico pero a los 5 minutos nos llegaba el barro por las rodillas.  Así que esta zona queda pendiente para cuando vayamos en otra época del año.

Alrededores, pueblos y playas

Comillas, Santilla del Mar, Potes, parada en Unquera para saborear sus corbatas, caminos que llevan a playas imposibles de encontrar…. Esta zona es un espectáculo, no hace falta ir con mapa o gps, solo con ganas de perderte y meter el coche en algún que otro camino. Cualquier sitio al que llegábamos nos sorprendía por alguna razón. Los perros podían disfrutar de playa o prado para correr.

El último paseo del día lo dejábamos para la llegada a Lerones. Desde la casa teníamos acceso a dos enormes praderas y varios caminos donde los perros podían ir sueltos sin ningún problema aunque alguna que otra vez huyeron de unas vacas que pastaban placidamente ;)

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